Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

lunes, 18 de febrero de 2013

Página 66. El cambio.



Salí de aquel sitio y volví a entrar en la casa, al cruzar la puerta todo estaba tranquilo y ni siquiera se acercaba al alboroto que yo misma había formado hace tan solo algunos minutos. Varios chicos bajaban por las escaleras con cajas precintadas, otros tantos cerraban ventanas y puertas, Tara ayudaba a ese señor mayor que parecía dueño de todo a bajar las escaleras, parecía que todo estaba preparado ya para encaminarnos. Yo permanecía quieta, de pie junto a la puerta de entrada, con impotencia, con miedo. Mi padre bajó las escaleras y me guio hacia una puerta que se encontraba escondida y pasando desapercibida justo debajo de cada escalón de la imponente escalera, bajamos solos, él y yo. El sonido sordo que hacían nuestros pasos al bajar la escalera provocaba que mis sentidos se agudizasen aún más por el miedo y el temor a no saber que me esperaba en aquel sótano. Al llegar abajo me encontré con un lugar de piedra y con numerosos arcos que unían las paredes que formaban aquel escondite, unas pequeñas cajas en una esquina y focos alumbrando aquel lugar. En el frente una forma rectangular de casi dos metros de alta de la cual no tenía ni idea, encima de ella mi símbolo, si el mismo, en cuanto lo vi lo reconocí y rápidamente llevé mis manos a mi cuello donde como imaginaba yacía mi colgante. Ese pequeño águila que se imitaba en la parte superior del rectángulo me miraba fijamente con ojos vacíos que me hicieron sentir un escalofrío que recorrió cada esquina de mi espalda. También contaba a ambos lados con dos estatuas de seres extraños que tan solo aparecen en los cuentos y en las películas que de pequeña tanto miedo me daban, mostrándome una cara tormentosa y apagada que me hicieron ponerme los vellos de punta. Mi padre me empujó para ponernos justo delante del rectángulo que parecía ser una especie de portal, él se deshizo de su chaqueta y volví a reconocer mi colgante solo que esta vez volaba en su cuello, tan solo existía una pequeña diferencia y es que en el suyo faltaban las palabras que en el mío yacían grabadas a plata lo que las hacía prácticamente invisibles y que mi madre había depositado cuidadosamente, ya que también quería estar en mí, allí donde fuera.
-Repite. - me dijo, serio y con una voz impenetrable- ''Luzbel neem ons daar waar jy is''
-''Luzbel neem ons daar waar jy is'' – repetí sin saber que decía.
Justo al pronunciar las palabras, una luz cegadora comenzó a nacer de ambos colgantes, todo se volvió tan blanco que apenas conseguía abrir mis ojos sin sentir que se me quemaban, por lo que los cerré fuerte para que ni una gota de luz pudiera entrar en ellos, sintiendo una presión en el pecho que casi no me dejaba respirar, notando como cada poro de mi piel se encogía y se retorcía, pero justo cuando pensaba que no podría soportarlo más, desapareció. Notaba suelo debajo de mis pies y notaba aire que entraba en mis pulmones, pero sin embargo no me atrevía a abrir los ojos.
-Ya puedes abrir los ojos, te acostumbrarás.
Y le hice caso. Abrí los ojos y realmente nada tenía que ver con lo que imaginaba. A mi alrededor se extendían numerosas tiendas de campañas, se encontraban desplegadas a lo largo y a lo ancho de aquel sitio, que parecía un gran campamento militar. Justo delante de nosotros una gran mesa con todo tipo de armas, alargadas, afiladas, cortas, diminutas, arcos, espadas, de todo. Había también un gran despliegue de personas, un grupo entrenaba en un pequeño páramo no muy lejos de nosotros, otros tantos se encontraban sentados en una larga mesa tratando grandes mapas y dibujando círculos en él, una gran montaña presidía aquel lugar y a nuestro alrededor escasos árboles secos y desnudos, los cuales parecían vestidos para la ocasión. Mi padre no se movió de mi lado.
-Vas a empezar a entrenar ahora.- Susurró mirándome de reojo. - me sorprendiste antes, eres más fuerte de lo que pensaba. Pero no lo vuelvas a hacer si quieres que tu amiguito vuelva a tomar un sorbo de oxígeno de este mundo el suyo o cualquier otro.
Yo no contesté, me limité a tomar saliva y a intentar calmar mi taquicardia. Elen se acercó a mí, con unos apretados pantalones negros y una camiseta del mismo color, botas de goma y su larga melena negra recogida bien alta.
-Bien, Alexandra aquella es tu tienda, ve y cámbiate recógete ese pelo y vuelve. Tienes 10 minutos.
Le hice caso, ya que intentar otra cosa sería en vano. Fui a la tienda que me indicó, una tienda color verde muy alta. Entré y justo encima de una especie de cama, se encontraban unos pantalones negros y una camiseta exactamente igual que los de Elen, al igual que sus botas. Me desnudé y por primera vez me acordé como era mi cuerpo, como era yo, ya que hacía tiempo que no me reconocía a mí misma. Me vestí y me recogí el pelo con una pequeña cola que estaba justo al lado de mi nuevo uniforme, me calcé las botas y salí rápida de la tienda. Volví al sitio de antes donde Elen había puesto en fila 5 sacos erguidos y sostenidos por unos grandes palos de madera, que los mantenían derechos. Elen golpeó con un golpe seco cada uno de ellos, supongo que para asegurarse que fuera lo que fuese que tuviera que hacer con ellos, no me resultara fácil.

-Está bien, vamos a empezar. Aquí tienes 5 simuladores, que serán tus enemigos, tu entrenamiento de hoy se centrará en la defensa personal, ya mañana empezaremos con las armas – me dijo sonriendo, sabía que disfrutaba.- Pues bueno, comencemos Alexandra. En primer lugar quiero que separes las piernas pareces un palo, bien así – me separó las piernas con una larga vara que tenía en las manos- ahora un pie un poco más adelante que otro. Ahora las manos en guardia a la altura de tu pecho, para que puedas bloquear cualquier ataque que se dirija a tu cara- le hice caso y mantuve mis manos a la altura de mi pecho. Pecho en el que mi corazón se revolvía locamente. - Y ahora viene lo mejor Alexandra vamos a ensayar dos técnicas básicas, primero vas a darme un golpe seco con tu mano derecha, donde quieras, venga Alexandra atácame. - Cuando vi en sus ojos el deseo de que lo hiciera le obedecí y le propiné un golpe seco justo a su izquierda, pero en un abrir y cerrar de ojos bloqueó mi golpe y me retorció la muñeca hasta dejarme en el suelo.

-¡Ah! – el dolor me durmió la mano, y en cuestión de segundos estaba sentada en el suelo escuchando su risa sorda, la suya y la de mi padre, que acompañado por Noam me miraban como hacía el ridículo.
En aquel instante me di cuenta de que aquello iba a ser largo, largo y duro, muy duro.


4 comentarios:

  1. Hola!! Queria decirte que por casualidad vi esta direccion de blogger en tuenti y en una sola tarde me he leido la novela enterita. Me encanta, es tan interesante... me tienes completamente enganchada. ¿podrias agregarme a tuenti ( katrina tomlinson horan) y avisarme cuando subas?? Muchas gracias!!

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  2. Ya te mandé la petición, muchísimas gracias por el comentario, me alegraste el día!! Por supuesto que te avisaré cuando suba.
    Un beso

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  3. Hola me encanta tu blog y me he quedado con ganas de mas acabo de empezar a leerlo y aqui me he quedado porfavor avisame cuando publiques otro cap vaale se que no he comentado nada pero es porque bueno je me daba un poco de verguenza pero yo y mi hermana te seguimos en silencio aunque comentare mas a partir de ahora te lo juro pero porfavor sigue escribiendo lo necesitamos yo y tus seguidores.Me encanta nico pero tmbn me gusta noam y cali me parece majisima estoy histerica por saber con quien se queda alex
    P.D
    agregame al tuenti plis me llamo : valentiina ocampo
    P.D2
    es solo para saber cuando y donde vuelves a escribir solo si decides hacerli aunque espero que lo hagas je porque lo haces geniial graciias bss

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  4. Muchísimas gracias a ti y a tu hermana, y por supuesto que te avisaré cada vez que publique. Me encanta que esteis tan ansiosas y me alegra aún más que os guste tanto la historia :)
    Un beso gigante para las dos.

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