Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Página 58. Sebastian Luter. Mi padre.

El golpe no fue demasiado duro, fue algo así como frustrante, si esa es la palabra, frustrante porque mi yo razonable sabía de ante mano que él estaba detrás de todo lo que me había ido pasando, pero mi yo irracional aun albergaba esperanza en encontrar a mi padre en Dubái trabajando en su pequeña empresa como siempre, lo malo era que ambas partes luchaban entre ellas y finalmente lo razonable volvió a ganar. Él estaba ahí justo delante de mí, mirándome con unos ojos distintos. Cuando aparté la vista vi a Nico, tirado en el suelo intentando levantarse y ponerse en pie, algo que fue en vano. Y Caly que en su más suertuda inconsciencia apenas parecía enterarse de nada. Cuando Nico y yo entrecruzamos las miradas entendí que probablemente no lo volviera a ver más y eso me llegó tan dentro que la sangré de mis venas, me hirvió.
-Ya basta- dijo mi padre, mirando a aquellos que estaban entusiasmados dándole una paliza a Nico. Como veía que no le hacían caso, levantó una mano y estampó contra la columna de mi derecha al hombre que ignoraba su orden. - ¿No he dicho que paréis? Pues ¡parad! - yo tragué saliva y mi corazón se aceleró cuando mi padre se dirigió a Tara, la chica de mis sueños y me señaló.- ¿Quién la ha tocado? ¿Yo no he dicho que a mi hija no se le tocaba ni un pelo? ¿No lo dije, Tara?- le preguntó chillándole a 3 centímetros de su cara.
-Sí, señor. -contestó, como cuando un domador amansa a su fiera. Así cabizbaja y hablando en susurros casi parecía inofensiva.
-Pues parece que no lo entendiste Tara porque tiene una herida en la frente – automáticamente me toque la frente y en efecto cuando miré mis dedos estos temblaban llenos de sangre.
-Habrá sido un accidente, todos sabíamos que... - Mi padre le cogió fuerte la cara y la giró hacia mí, obligándola a mirarme.
-¿Es que acaso no se la ves?- ella intentó apartar la vista pero mi padre la forzó a mantenerla en mi.- Mírala, escucha, como le vuelva a ver a mi hija un rasguño, ¿te enteras? Un solo rasguño, estás muerta. Y ahora limpiad toda esta porquería y haceros cargo de estos dos, dejadlos por ahí, nos conviene que esos estúpidos amagins se enteren de que la tenemos.

Me calmé al saber que a Nico y a Caly no les iba a pasar nada, ambos que yacían inconscientes fueron llevados fuera del alcance de mi vista. Mis piernas no respondían a levantarse y mis manos temblaban como si de terremotos se tratasen. Tenía miedo, pero ellos no podían saberlo. Fui recobrando fuerzas gracias en parte al asco que me iba produciendo la situación, Tara y 3 chicos más limpiaban la sangre de Nico y mi padre, él se limitaba a mirar. Cuando hubieron terminado, él se dirigió a mí y me ofreció su mano para levantarme, mano que yo rechacé, de hecho hacía ya un tiempo que había rechazado todo lo que tuviese que ver con él. Su vida ya no formaba parte de la mía. Así que me levanté por mi sola, dejando su ayuda en el aire. Me miró con ira pero no hizo nada, se limitó a dejarlo estar. Cuando un ruido leve a mi lado me hizo recordar aquel hombre al cual mi padre había tirado contra la columna, una columna que hizo sonar todos sus huesos. Me volví para mirar y dejé que mi vida se volviera aún más odiosa, dejando que yo me volviera más desconfiada, más vulnerable, dejando que todo lo que yo había creído, toda la confianza que había puesto en él se desvaneciera. Zachary, si él, ensangrentado, con la mano casi sin movimiento, el pelo pegado a la cara, una cara que no me daba más que, repulsión.

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