Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Página 47. A ciegas

-Nico...- susurré como pude. Escuché un ruido en la parte de atrás de la cama, salté las sillas y corrí hasta allí.
Tendido en el suelo estaba Nico, con la cara llena de arañazos ensangrentados, estaba entre miles de trozos de cristal, su brazo estaba totalmente destrozado y la boca la tenía echada abajo. Me senté a su lado y puse mi mano en su boca y un alivio me inundó cuando noté su leve respiración. Fui al cuarto de baño y mojé unos cuantos paños en agua, busqué en el mueblecito de encima del lavabo y cogí agua oxigenada. Volví a ir con Nico, quité todos los trozos de cristal de su lado, tendría que curarlo en el suelo porque no podía con él. Para mi sorpresa había abierto esos ojos celestes suyos e hizo un intento de levantarse.
-No, estate quieto.
-Alex... yo... lo siento...me cogió desprevenido y... - empezó a delirar.
-Chs ya está, se ha ido – le dije acariciando su mejilla.- ahora tengo que vendarte esas heridas. ¿Puedes levantarte?- Nico se incorporó poco a poco, cuando ya estaba de pie lo conduje a la cama, apoyando todo su peso en mi hombro y arrastrando los pies. Se sentó en la cama y cerró los ojos. Cogí los paños húmedos y se los puse en cada una de las heridas de su cara, limpiando la sangre y quitando los trozos de cristal que aún tenía en su cuerpo, a veces ponía muecas raras pero en general no se quejó. Lo malo vino cuando pasé del agua a el agua oxigenada, recordé todas las veces que de pequeña me había caído del banco de mi plaza en Dubái, y los gritos que daba al curarme mi padre. Mojé el mismo paño en el agua oxigenada y se lo puse en la herida más grande que le cruzaba la mejilla. Dio un fuerte suspiro, y no soltó el aire hasta que no le hube quitado el paño y así en cada uno de los arañazos y cortes de su cara. Luego pasé al brazo y ahí sí que no sabía qué hacer, estaba realmente mal, los cortes eran profundos y la sangre salía cada vez en más grandes cantidades. De hecho yo tenía las manos llenas de sangre. Cogí varios paños y empecé por intentar cortar la hemorragia. Pero no bastaba.
-Alex – no sabía que me había estado mirando- coge mi maleta, en el lado hay un libro pequeño, cógelo.
-Nico, tu brazo es más impor...
-Cógelo.
Me levanté rápida y busqué entre todo el lío que se había montado allí, y vi una pequeña maleta azul que estaba detrás del sofá. La cogí y la abrí encima del sofá, apartando antes todo lo que había encima de él. En uno de los lados estaba la cartera de Nico y unos cuantos papeles más, desordenados y entre varios cuchillos, que me pusieron el vello de punta. En el otro lado tal y como Nico me había dicho había un libro de bolsillo. Lo cogí y cerré la maleta. Me acerqué a la cama y me volví a sentar con él. Tras hacer una mueca de dolor me sonrió, este chico era increíble, su sonrisa nunca moría.
-Dámelo – se lo tendí en la mano que más o menos tenía mejor, abrió el libro por la mitad más o menos y me señaló una frase escrita en un idioma que jamás había visto ni escuchado. - escucha, ¿te acuerdas de la vez que te curé allí en tu casa? - asentí, ¿cómo olvidarlo? - usé este conjuro, tienes que decirlo poniendo las manos sobre la herida...
-Nico yo no puedo hacer eso... yo...
-Hazlo
-Nico...
-Alex, el cuchillo con el que me ha cortado tenía un conjuro si en 5 minutos no has leído la maldita frase no sé qué me pasará- con este tono brusco me hizo entrar en razón o quizás espabilar.

Cogí el libro que Nico había manchado de sangre, justo en el principio de la página ponían: Ángel se spel. Leí rápida la frase que Nico había señalado, le observé y sus ojos empezaban a no responder. Así que me arme de eso que pocos tienen, valor.

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