Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

martes, 2 de agosto de 2011

Página 44. Se llamaba rabia

-Pero si estas desterrada ¿cómo estamos aquí?
-Nico me ayudo con un layud – más nombres complicados...- es un encantamiento que evita que ellos nos sientan cerca.
-¿De qué conoces a Nico?- le pregunté. Nació una pequeña sonrisa.
-Bueno supongo que al fin y al cabo, somos lo mismo y podemos sentirnos, al llegar aquí, el vino a mí y me lo contó todo sobre mi, él y esa chica pequeñita, ¡Fue increíble! Lo sabían todo acerca de nosotros, y se ofrecieron a ayudarme. La verdad es que al principio desconfié muchísimo pero al final resulto ser lo que él me dijo.
-Ya está todo preparado- Nico había entrado en la habitación con una maleta y yo no me había dado cuenta.
-Alex, te vas a ir con Nico, él te llevará a un sitio seguro mientras yo hablo con el consejo y le cuento todo este lío.- en sus ojos vi que era para nada intentar convencerla de quedarme. Las dos nos levantamos.- Nos vemos en dos días, se fuerte. Te quiero cariño.- le di un fuerte abrazo.
-Yo también te quiero.
Salí de mi casa y metí la maleta en el coche negro que había en la puerta. Escribí un mensaje rápido a Noam: '' Me voy a Dubái a recoger las últimas cosas que nos dejamos allí, solo serán unos días, no me eches de menos. Te quiero''. Pero no lo envié. Me subí al coche y cerré los ojos mientras Nico se montaba en el asiento del piloto. Nico no me dirigió palabra en gran parte de las dos primeras horas, al salir del pueblo recordé cuando iba en el taxi saliendo de Dubái, como veía a todas las familias siguiendo con sus vidas mientras la mía cambiada de forma radical. Supongo que me quedé dormida un buen rato porque al abrir los ojos estábamos en una ciudad que en mi vida había visto. Lo primero que vi fue una gran rotonda a la que le estábamos dando la vuelta, con una gran fuente en el centro. Una gran avenida repleta de árboles verdes y que atravesada por una larga carretera daba la bienvenida a Havast. ¿Quieres sinceridad? Ni en el colegio había oído ese nombre, ni en las mejores clases de geografía. Solo sabía su nombre porque en unas gruesas líneas blancas podía leerlo justo al principio de la avenida. Bajé la mirada cuando un niño de unos 6 años se me quedó fijamente mirando, pero luego caí en la cuenta de que el coche tenía los cristales tintados y que probablemente no me estuviese mirando a mí. Seguimos la avenida hasta terminarla, luego giramos unas dos calles más abajo y aparcamos en un hostal pequeño que hacía esquina. Nico se bajó del coche pero yo me quedé dentro mirando como hablaba con un hombre que ya escaso de pelo le indicaba lo que iba a ser nuestra habitación. Volví a cerrar los ojos. Unos 15 minutos después di un respingo cuando Nico tocó en el cristal. Me hizo señas para salir, se había puesto unas gafas de sol oscuras, algo raro ya que el sol ya no estaba. Me bajé dando un portazo, sin querer.
-No la pagues con el coche- me dijo mientras pasaba la mano por la carrocería que seguía impecable.- ¿Quieres subir o prefieres ir a dar una vuelta? Las maletas ya están arriba.- no le contesté solo miré hacía las ventanas de arriba del hostal.- Esta bien, yo también estoy cansado.

Me sentí mal al tratar así a Nico, pero algo estaba creciendo en mi interior y si se llamaba rabia.

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