Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

domingo, 20 de marzo de 2011

Página 35. Las piezas del rompecabezas

Y después de aquellas palabras mi mundo, aquel donde odiaba a Noam, aquel donde solo quería olvidarle, desapareció. En su lugar no aparecieron más palabras bonitas, solo besos donde casi nos atamos el uno al otro, aquellos besos que te dejan sin aire, aquellos donde pareces perder la respiración, pero no te importa porque sabes que esa persona te devolverá el aliento para seguir.
Estuvimos horas muertas allí tendidos, hablando de todo, compartiendo hasta el último secreto, pero no tocamos el tema, es decir, mi tema. Lo evadí hasta mas no poder, porque sabía que volvería a estropear mis cosas con Noam, como tantas cosas había estropeado ya. Después de todo Noam volvió a dejarme en el camino de mi casa porque le pedí que no me llevase hasta la puerta ¿la razón? Mi madre por supuesto. Me bajé con su ayuda de la moto, ya que apenas llegaba a tocar tierra.
-Buenas noches, no te pierdas por el camino- dijo quitándose el casco.
-Imbécil- le dije mientras me atraía hacia él.
-Ni de buenas me dices cosas bonitas eh- me replicó, sonriendo, como a mí me gustaba. Le di un beso rápido, aunque solo basto eso para aumentar el ritmo de mi corazón. Cortando el beso le pregunté.
-¿Quién dice que esté de buenas eh?
-Estás conmigo – dijo soltándome y señalándose el mismo.
-Egocéntrico.
-Preciosa.
-Te odio- le dije riéndome.
-Sí, es cierto eso tenemos en común- terminó con esto, me dio otro beso rápido y se fue.
Y yo en cambio me quedé allí a los pies de mi casa, mirando como en el camino solo quedaba el polvo que había levantado su moto. Bajé rápida el camino que paralelo a mi casa, estaba oscuro. Unos pasos a mi espalda me hicieron acelerar los míos, al principio pensé que era Noam que quería darme un susto pero luego pensé en ella. Seguí hasta la verja que separaba el camino de mi casa, la abrí rápida... y eso es lo único que recuerdo de ese momento, bueno, eso y un fuerte golpe en la espalda que me dejó sin respiración. Cuando desperté tenía la vista nublada y no podía diferenciar donde estaba, solo que seguía siendo de noche y que estaba atada. Conforme fui recuperando la visión me di cuenta de que me encontraba en el bosque. Un hombre vestido de negro hablaba por teléfono, sin darse cuenta de que yo estaba despierta, miré a todos lados, pero solo estábamos ese hombre que estaba dando vueltas de un lado a otro, un coche gris muy antiguo y yo amarrada por las muñecas y los pies. Sin querer al moverme rompí una rama e hice ruido, el hombre giró la cabeza y al verme cerró el teléfono, yo en cambio centré mi atención en su cuello donde reconocí el tatuaje que le había visto a la chica en mis sueños. Al acercarse a mí, no pude verle la cara porque tenía una capucha echada, eso sumado a la oscuridad y a mis ojos llenos de tierra no ayudaba mucho. Cada vez estaba más cerca, tanto que sentía su aliento en mi cara.
-¿Que, estás cómoda?- no reconocí su voz, pero juraría haberla escuchado en otro sitio, intenté moverme pero solo hice ruido.- no puedes moverte, muñequita.- con una de mis patadas caí uno de los candelabros que él había colocado alrededor de unos árboles supongo para ver mejor. Al verlo, me dio una patada y noté el líquido caliente que me recorría desde la ceja hasta la boca, llorando grité de dolor. De pronto, unos ruidos en los árboles le sobresaltaron. Preguntó por un señor pero no escuché como se llamaba. Una sombra pasó justo a su espalda y  asustado encendió una linterna hacia los árboles donde él me tenía tendida. El resplandor de la linterna rodeo al hombre y yo desde aquel árbol pude ver una silueta a tan solo dos pasos de él.
-Zac – reconocí directamente la voz, Nico. El hombre que Nico había llamado Zac se volvió de golpe y sacó un largo cuchillo del pantalón. Nico en cambio solo miro al cielo unos segundos y cuando volvió a mirar a Zac, sus ojos eran totalmente blancos, tal y como esa noche en mi habitación.
-Tú – no podía verle la cara a Zac pero su voz dio a entender que conocía a Nico.- ¿Qué quieres? Vas a matarme ¿no?- una risa amarga salió de la boca de Zac. -Sabes que romperías el tratado.
-No puedes llevarte a la chica – ignoró lo que Zac le dijo y me nombró como si no me conociese.
-Ni tu puedes sentir nada por ella, tu trabajo era solo cuidarla, solo eso, estamos en las mismas, deja que me la lleve y no sabrán nunca lo tuyo.
-Ni lo sueñes- Nico se le abalanzó y empezaron a pelear, Zac casi le corta el cuello pero Nico lo apartó de un puñetazo. Yo en cambio iba perdiendo el conocimiento, lo último que vi, fue a Nico haciéndole una raja a Zac en el brazo y ese fue el momento en el que mis ojos se cerraron. Momentos después me desperté de nuevo, la sensación no era nueva pues había perdido el conocimiento varias veces.

Nico estaba sentado a mi lado sin apenas un rasguño, me había desatado cuando yo recobré del todo la conciencia. Me incorporé lentamente para no marearme, pero fue en vano los mareos estaban en todas partes y mi mente muy confundida. El bosque seguía en silencio, como si nada hubiese pasado, él, que testigo de todo había visto como casi perdía la cabeza al intentar razonar lo que había estado a punto de pasarme. Mis ojos no rompían a llorar, simplemente me quedé mirando a la oscuridad como si nada, siempre tenía una de cal y otra de arena, un sueño y una pesadilla, todo a la vez. Sentada allí mientras Nico me decía algo que mis oídos no llegaban a escuchar porque parecía que había perdido la razón. Yo mientras, buscando algo en la oscuridad, algo que me dijese que esto también era un sueño. Pero mis manos llenas de heridas no mentían y el dolor que sentía en todo el cuerpo tampoco mentía en absoluto. De pronto, me giré hacia Nico y me abrazó. Dándome calor y cariño, haciéndome sentir que no estaba sola en esto, que era como me sentía.

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