Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

viernes, 7 de enero de 2011

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Andé y andé hasta perderme en lo más perdido del pueblo. El bosque, otra vez acababa allí. Sola. Empecé a gritar y a gritar. Todo esto era por este maldito pueblo, si no hubiese venido aquí, no hubiese destrozado mi familia, mi madre no se hubiese reencontrado con Zachary, yo no hubiese conocido a Noam y todo esto que me estaba pasando nunca hubiese ocurrido. De repente, una gran llama de fuego se alzó a mí alrededor, fuego que quemaba con solo estar a su lado, rojo. Se me encendieron los ojos y todo el fuego llego hasta las copas más altas del bosque. Y si, si te preguntas quién provocó el fuego no estás loco… era yo. Yo que con mis manos había provocado todo aquello, que con mis ojos lo había hecho. Cerré los ojos para sentirlo. Pero para cuando los había abierto estaba tumbada en el sofá, me había quedado dormida, después de que Noam se fuese. Pero esta vez no me iba a quedar llorando y viendo las horas pasar. No. Me levante y salí de casa. Y fui a casa de Nico, a lo mejor en persona no sabía mentir. Quién sabe. Era una casa bonita, bonita y grande. De esas que te duele el cuello al terminar de mirarla. Llamé a la puerta, me abrió un hombre bajito y estirado, le faltaban bastantes pelos en la cabeza y tenía un largo bigote que le tapaba media cara.
-¿Puedo ayudarla en algo? - su voz no se correspondía con su... como decirlo, estatura.
-Eh...Si por favor, busco a Nico – ¿tenía mayordomo?
-El señor Nicolás no puede sa...
-¡Alex! - escuché mi nombre desde dentro de la casa.- vamos Max, déjala pasar anda.
-Pero señor, su madre dijo que tenía que estudiar- Nico salió de detrás de la puerta.
-Ya he estudiado- al ver la cara de duda en Max, dijo- lo juro.- Me cogió de la mano y me zambulló dentro literalmente. Subimos unas escaleras impresionantes, decoradas con no sé cuántos cuadros, algunos de personas desconocidas, otros famosos, paisajes y otros sin sentido, al menos para mí. Desde arriba la casa era aún más grande, un mosaico de colores formaba el suelo y varias puertas daban a este recibidor. Me guio hasta el final del pasillo a donde habíamos ido a parar y entramos en una habitación.
- Teníamos que ser rápidos si no Max empezaría con las preguntas.
-Ya...
-Pasa – cerró la puerta a nuestras espaldas y me dio un pequeño puñetazo en el hombro- eh ¿qué te pasa? Anonadada con la belleza de Max... a todas les pasa, jajaja
-Si, me encanta. De hecho prefiero estar con el – hice ademán de irme hacia la puerta y empezamos a reírnos.
-Bueno, ¿y que le trae por aquí, señorita? - seguimos hasta entrar del todo en la
Habitación y guau... que habitación. Nos sentamos en el suelo.
-Pues la verdad no lo sé... estaba aburrida en casa.
-Si a mí también me aburre álgebra.
-Bastante... No sabía que tenías mayordomo.
-¿Max? Si, la verdad es que es como de la familia. Lleva años y años con nosotros, es el único que me cubre cuando hago algo. Es bastante bueno.
-Sí, me ha dado esa impresión. La verdad me quede un poco KO cuando dijo lo de
señorito…
-jajaja sí, es que aquí me toman en serio ¿sabes?
-¿Y fuera no?
-A veces, unos si otros no… otros simplemente me ignoran eh.
-jaja eso ha sido una indirecta ¿verdad?
-¿El qué?- se hizo el tonto
-Vamos sabes que yo no te ignoro, lo que pasa que llevas mucho tiempo con las chicas suspirando por ti, y te ha venido una difícil y ya te sientes ignorado – empecé a reírme y él puso cara de ofendido.
-Vale... eso me ha dolido, te voy a tener que pedir que te vayas tengo que llorar jajaja
-No sabrías que hacer sin mi listo.
-Es verdad jajaja pero tampoco sé que hacer contigo.
Empezamos a reírnos sin ni siquiera darnos cuenta de que esa iba a ser una buena tarde.

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