Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Página 24. Todo cambia

Me pasé el resto del día y parte de la noche en otro mundo, pensando en todo y en todo a la vez, sobre las 4 de la mañana volví a bajar abajo como la otra noche. Esta vez me quedé sentada en las escaleras, ya que mi madre estaba hablando por teléfono con alguien. Su voz tenía un tono alarmante que la tenía dando vueltas por la habitación.
-Sabes que no voy a hacer eso, es mía –ahora intentaba no gritar, quizás porque creía que yo estaba arriba descansando.- No pienso dejar que nadie ni nada la aparte de mi lado ¿entiendes? ¡Nadie! Y mucho menos tú Sebastian y mucho menos tú, ¿Cómo puedes querer utilizarla de ese modo? Es tu hija por el amor de dios.- ¿estaba hablando con mi padre? ¿Por qué decía que él quería utilizarme? Apartarla de su lado…- no digas que fue creada para nada, no es una marioneta y no voy a dejar que hagas nada con ella. ¡No pertenece a nada! Ella no es como tu ni como yo y lo sabes. No vuelvas a llamarme.
Subí rápida las escaleras porque mi madre venía pisándome los talones. No había entendido nada de lo que mis padres habían hablado por teléfono y eso que habían hablado de mí. Me iba a explotar la cabeza, ya eran tantas cosas en las que pensar, que no podía más. Me acosté en la cama tapada hasta arriba, como si así pudiera evadirme de todo y meterme en otro mundo. No lo conseguí pero al menos dormí tranquila.
Lluvia. Gotas de agua en los cristales de mi casa y un torbellino de paraguas de colores, era lo único que se veía desde mi ventana. Nubes oscuras que tapaban el sol de este día. Me gustaba la lluvia era señal de que las cosas cambiaban, de que no todos los días son iguales, por suerte. Con unos vaqueros oscuros, mi camiseta gris de cuello alto y mis botas de agua negras salí de casa. Esa mañana no quería que me llevase mi madre al instituto aunque ella había insistido en hacerlo, yo quería sentir cada partícula de lluvia recorrer mis manos y mi cara. Porque eso me hacía sentirme bien. Porque necesitaba olvidar lo que había pasado con Noam, en realidad necesitaba olvidarlo todo por un momento. Las nubes empezaban a convertirse de un gris oscuro a un negro que hacía que pareciese que era de noche. Llegué al instituto corriendo, pero aún no había tocado el timbre que daba por empezadas las clases. Subí como un rayo las escaleras y entré en clase, allí estaba Caly. Me dirigí a ella.
-Buenos días- se giró y tenía los ojos rojos, parecía que había llorado o algo.- ¿te pasa algo?
-Hola, no te preocupes no me pasa nada.- dijo secándose unas lágrimas invisibles.
¿De verdad?
-Claro – me dedicó una sonrisa apagada.

La clase empezó con el señor Tiner, de literatura. Las 3 siguientes horas fueron un auténtico muermo, contando minutos y segundos para terminar cada una de las clases y Caly no me volvió a dirigir la palabra.

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