Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Página 25. Ilusiones

Nico se sentó detrás de mí, ya que con esta profesora todos hacían lo que les daba la gana, una profesora pequeñita, morenita y con pinta de darle miedo hasta de mirar a sus alumnos, aun así no me gustaba perder el tiempo así que me puse con los apuntes que Caly me había pasado cuando Nico acercó su silla a mi mesa.
-Hola, ¿Qué pasa que no me hablas?- murmuró echándole rápidos vistazos a la mesa de la profesora.
-¿Quién te lo ha contado?... era un secreto- bromeé, sin apartar la mirada de mis apuntes.
-Me entero rápido de los secretos.
-¿Ah sí?- se le escapó una risita.
-Sí, me han contado que una chica preciosa no me habla, al principio no me lo creí la única chica preciosa de por aquí si me hablaba hasta hace un día…pero ya veo que no.- asentí riéndome por lo bajo.
-Interesante, la verdad no he visto ninguna chica preciosa por aquí. Si quieres te aviso cuando la vea.
-Me harías un favor, si le dices también que últimamente no pienso bien por su culpa.
-No le eches la culpa de que estás loco a la pobre chica.- le dije, mirándolo por primera vez en el día. Nunca lo había tenido tan cerca… era realmente guapo.
-¿Así que estoy loco eh?
-Jajaja un poco solo.- seguí en mis apuntes.
-Si…yo también diría que estoy loco. Por cierto hoy me voy con usted al salir de clase.
-¿Conmigo? – levanté mis cejas.
-Sí, cojo por el mismo camino.- dijo mientras yo guardaba mis apuntes- así que no te olvides de mí al salir de clases.
Y así se fue. Este chico me hacía gracia. Cada vez que me decía algo se iba como para no escuchar una negativa ni nada por el estilo. Al terminar las clases, pensé que Caly se podría venir con nosotros dos. Porque no se de lo que era capaz de pensar si nos veía irnos a los dos juntos sin decirle a ella nada. Aceptó. Íbamos andando por el camino y ellos dos hablaban de algo que ni siquiera me había percatado. Yo en cambio iba mirando el bosque embobada en mis pensamientos. De repente una sombra se movió en el bosque. Me quedé quieta, como si me hubiesen congelado en el suelo, como si una escarcha de hielo se hubiese apoderado de mis pies. Entorné la vista y allí estaba ella, la chica de mis sueños, la chica de la nota. Sonriendo, se me erizó el pelo de los brazos y me quedé sin aliento. Esta vez sus ojos eran rojos. No podía pestañear, de hecho me dolía hacerlo.

1 comentario:

  1. Olaa coquitoo guau me as dejado asombrado ehhh :O vaya en serio cuando me djiste qe escribias pues no me crei qe lo hacias de esta forma chica ! por cierto soy Nico el de la basee ! jaja pues nada qe felicidades por esta pedazo de historia y ya me diras qienn soy yo jajaja es cacho !
    Un besote de los grandes qe tu sbes qe doy !
    setequierechicadelasudaderaroja jajajaja

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