Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Página 26. No ese no

Nico se volvió de repente, justo cuando yo había podido girar la cara hacia él. Dos segundos más tarde estaba allí mirando al bosque pero no a tiempo para ver a la chica, al menos eso creía yo.
-¡Alex! ¿Conocías a esa chica? – Yo lo miraba a los ojos, mientras me zarandeaba por los brazos.- Contéstame Alex ¿la conocías?- Su expresión era de auténtico terror, como si conocer a esa chica le alarmase aún más que a mí. No podía decirle nada, me tomaría por loca.
-¿Qué chica? – intenté disimular, agachándome y atándome unos cordones que no estaban sueltos.
-Mirabas al bosque…había…- era la primera vez que le veía tan inseguro al decir algo.
-Allí no había nada Nico, solo árboles y más árboles. Tranquilízate.- Me levanté y evité mirarle a los ojos. Estos eran mi diario público, lo decían todo.
-¿Pasa algo?- Caly estaba a nuestro lado.
-Nada, vamos sigamos.- dije mientras avanzaba sola, ya que Nico se había quedado allí y yo sabía con certeza que no se había tragado mi teatrito.
El resto del camino lo pasamos en silencio, pero Nico no dejó de mirar al bosque, no le quitaba ojo. A mí en cambio me fallaban las piernas. Dejamos a Caly en su casa, nos paramos en el principio de mi casa, en efecto Nico no se había tragado mi número.
-Alex, es importante ¿de verdad no viste nadie allí?
-Te lo prometo – dije levantando la palma de mi mano.
-Vale, no me mientas... – nació esa sonrisa suya con esos deslumbrantes dientes asomando en sus labios. Con la luz del sol las pestañas tan grandes que tenía le hacía parecer tener ojeras, pero solo era la sombra de estas. Me miraba con una cara de… impresionado.
- ¿Qué?
-Nada, no me había fijado en que exactamente me volvía loco de ti. Pero ya lo he descubierto.- me pasó la mano por la mejilla, que por cierto, las tenía ardiendo.- tus ojos.
-Nico…- no podía hacerle esto a Caly y tampoco sabía si yo misma aceptaría palabras bonitas y delicadas de otros labios que no fueran los de Noam…
-Si ya lo sé. Caly ¿verdad?- mis ojos cayendo al suelo le debieron valer como un sí.- no puedo estar con ella pensando en ti. No ahora, ¿sabes? Pensaba hacer esto en un sitio más bonito, más relajado, más… no sé, a mi manera. Me gustas desde el primer día que te vi, me gusta ese misterio que me guardas hay dentro- susurró señalando mi cabeza.- y creo que podría cuidarte como nadie.- al ver que iba a intentar hablar me puso un dedo en la boca.- ya sé ya sé, mira solo quería que lo supieras. Y que pienses en mí se te pasa algo o necesitas algo ¿vale? Aquí tienes a un amigo de verdad.- ¿y yo ahora que tenía que contestarle? No lo sabía hasta que salió de su escondite esa sonrisa, que me hizo saber que no tenía que decir nada, absolutamente nada.
-Adiós Nico- me puse de puntillas y le di un beso en la mejilla, luego me alejé de él. Directa a mi casa.
Entré en el recibidor estaba todo relajado. Subí arriba y me cambié. Bajé y me encontré de cara a mi madre.
-Es guapo – dijo levantando las cejas y con una sonrisa en la boca. Vale sin duda había visto a Nico.
-¿Quién? – pregunté, bajando las escaleras evitando por segunda vez en el día mirar a los ojos.
-Ese chico que te ha acompañado a casa, el rubio. Podrías invitarlo un día a casa.
-¡Mama! – Grité girándome y mirando su cara de burla- es un a-m-i-g-o – deletree cada letra con tal entusiasmo que terminamos las dos riéndonos.
-Vale sin duda es un amigo…- dejo la frase sin acabar.
-Ya vale ¿no? – le dije sacándole la lengua.
-Vale, paz. – levantando las manos.
-Voy a comer algo.
-Te acompaño – nos dirigimos a la cocina aun riéndonos de mi ‘amigo’. Saqué de la nevera un taper de ensalada y me senté en la silla de la barra. Me la comí entera haciéndole morisquetas a mi madre. Después nos sentamos en el césped recién cortado del jardín.
-¿Sabes? Hasta ahora no me había dado cuenta de lo bien que se está aquí. – le comenté, de hecho eso pensaba realmente, a pesar de todo lo que me estaba pasando… este era un buen lugar para empezar de cero.
-Mmm eso tiene que ver con el rubito.
-Se llama Nico mama, y no tiene nada que ver con el.- señalé sin abrir mis párpados.
-Vale, solo era una broma. En serio piensas eso ¿verdad? – se inclinó para poder verme mejor.
-Claro, me gusta mucho este sitio… a papa le encantaría.- se le cambió la cara, tal y como yo esperaba.
-Sí. – el sí más seco que había escuchado en mi vida. Un sí que me susurraba a gritos que a mi madre no le agradaba la idea de que mi padre pudiese venir a vivir con nosotras en un futuro, y la verdad me comía por dentro no saber por qué.- Cariño voy a echarme un rato ¿vale? Necesito descansar, luego voy a ir arriba al ático a trabajar, no hagas mucho ruido por favor.- dijo levantándose del suelo- Ah y si viene Zachary dile que el sobre está en la mesa del recibidor.
-Vale- me tendí de nuevo y cerré los ojos. Unos ojos cerrados que provocaron que mi cuerpo por fin descansase algo. Me quedé dormida. El roce de algo suave en mi cara me despertó, abrí los ojos y me encontré a unos 5 centímetros de mi cara a la persona que menos me hubiese gustado tener allí, Noam.
-Por fin te despiertas, llevo como 15 minutos haciéndote cosquillas.
-¿Ah sí? ¿Y se divierte el señor?
-Si me encanta, me pasaría toda la vida así- contestó sarcásticamente.
-Mala suerte la tuya.
-¿Por qué?
-Porque te vas a quedar con las ganas- me levanté, la postura en la que estábamos era algo... rara- El sobre esta en la mesa, dáselo a tu padre.- no iba a hablarle como si el otro día no hubiese pasado nada, porque si había pasado.
-Vale… oye, no sé cómo explicarte esto de verdad…- dijo levantándose al mismo tiempo que yo.
-No tienes que explicar nada.- le corté.
-Ya pero el otro día…fue algo violenta la situación.- dijo mientras yo me sacudía la sudadera.
-Nada, la próxima vez te lo piensas antes de besarme.

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