Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

viernes, 1 de octubre de 2010

Página 20. Razones

Entré en casa, se estaba bastante calentita allí. Cerré con pestillo la casa y subí las escaleras. Me asomé a la habitación de mi madre y allí estaba, dormida con la cara relajada, incluso pude ver una pequeña sonrisa en su boca, le cerré su puerta para no despertarla. Entré en mi habitación y me despojé de toda la ropa para darme un buen baño calentito, tenía que despertar mi cuerpo. Me llevé un buen rato allí metida, hasta el cuello de espuma, luego me metí en mi cama. Había sido una buena noche, pensé en Caly, la llamaría por la mañana para ver que le había pasado. Tenía el cuerpo entumecido y la noche cada vez me daba más miedo después de lo que pasó… las marcas ya iban pasando del rojo al rosado …casi no se notaban , pero no era esas marcas las que yo quería que desapareciesen…eran los ojos de esa chica en mi cabeza…
Tras esa noche los días comenzaron a pasar muy rápidos a mí alrededor, iba a clase con Caly y tenía varias peleas con Noam y cada noche me dormía con el miedo de ver los ojos de esa chica impregnando mis sueños. El verdadero frío comenzó a inundar el pueblo, y nuestra casa, el frío fue inundándolo todo. Mi padre no llamó ni un solo día, y me enfado fue tan enorme que le negué a mis oídos el placer de escuchar su voz. La rutina aparecía junto al frío y eso me apagaba cada vez más, sobre todo en aquellos días en los que no podía secuestrar a Caly en mi casa, y finalmente me quedaba sola.
El día amaneció con un sol que se escondía entre las nubes blancas del cielo. Salí al balcón cuando escuché el ruido de un taladro debajo de mi ventana. Era Noam, parecía ser que había vuelto a terminar lo que ayer empezó. Me puse un chándal gris y baje en zapatillas. Zachary estaba en la cocina con mi madre, haciendo tostadas. Zachary le había manchado la nariz de azúcar a mi madre, estaban peleando animadamente cuando entré en la cocina.
-Buenos días cielo – mi madre tenía una bonita sonrisa en la cara. Por lo que no sabía a qué hora volví anoche.
-Buenos días – me senté en una silla.
-¿Tostadas? – La voz de Zachary superaba el tono de nosotras dos juntas. Puse cara de pensativa- vamos es la última que hago, nos vamos al pueblo.
-Está bien – olía tan bien. - ¿Para qué vais al pueblo?
-Tengo que comprar material para la exposición del lunes.
-Mmm... – siempre estaba sola.
-Ten, la mermelada está ahí al lado y también hay zumo en el frigorífico – mi madre cogió sus tostadas y se fue al salón seguida de Zachary.
Cogí la mermelada y el zumo junto con las tostadas, me fui fuera al jardín de atrás a desayunar, allí se escuchaba menos el taladro. Me unté la mermelada de naranja en la tostada y le pegué un mordisco seguido de un largo sorbo de zumo, tenía bastante hambre. Puse la pequeña radio que teníamos fuera, la brisa me despeinó aún más los pelos, pero me gustaba estar allí, me relajaba. Pensé en la relación de Zachary y mi madre… se llevaba tan bien, era como su segundo marido aunque me doliese reconocerlo, se notaba que lo quería mucho.
-Buenos días señorita – Una voz salió justo de detrás mía, Noam. Se sentó a mi lado apoyando su brazo en una de sus rodillas .No le contesté, me dediqué a mirar mi tostada y comérmela – estas enfadada ¿verdad?
-Para nada - ¿yo? Por favor no le iba a dar el gusto.
-Sé que lo estás – no dejaba de mirarme.
-Entonces ¿Para qué preguntas?- no le dirigí la mirada.
-Oye siento lo de ayer, de verdad – me aseguró viendo que yo había vuelto los ojos.- últimamente estoy algo alterado.
-Sí y siempre la pagas conmigo – aún no lo había mirado.- pero no te preocupes no te volveré a hablar y ya estarás tranquilo.- me levanté y me fui a la cocina.
Al entrar, ya no estaba mi madre ni Zachary. Me asomé a la ventana y tampoco el coche. Fregué el plato y el vaso, y subí a mi habitación. Me senté con las piernas cruzadas en la cama, el sol entraba cada vez más luminoso por la ventana, ningún rincón de mi habitación tenía gota de oscuridad y eso me gustaba. Cogí el móvil y llame a Caly, pero nada, no me lo cogía. Cuando tres toques en mi puerta me hicieron dejar de llamarla.
-¿Se puede? – era Noam.
-Supongo.- metí el móvil debajo de la almohada, Noam entró en la habitación y se sentó conmigo.
-No la pago contigo…- repitió mis palabras de antes.
-Si lo haces – miré por la ventana.
-Créeme que tengo muchísimas cosas en la cabeza, como para querer pagarla contigo.- hablaba pensativo, como en otro mundo.
-Yo también tengo muchas cosas – la conversación parecía que iba a ser así.
-Lo sé - ¿tanto se notaba?- escucha, prometo no volver a hacerlo ¿vale?
-Vale – me sonrió con esa sonrisa que me volvía tan loca. Se la devolví.
-¿Cómo te lo pasaste anoche? – se acomodó en el centro de la cama.
-¿Cómo sabes que salí?
-Me lo dijo mi padre – parecía que le costaba decir esas palabras.
-Pues me lo pasé genial, conocí muchas personas y luego un chico me acompañó a casa - ¿se pondría celoso?
-Mmm me alegro – no, no se puso celoso.
-Gracias, ¿Tú no sales? – solo lo había visto en mi casa.
-Sí, mañana por la mañana - ¿salía los domingos?- contigo, te paso a recoger a las 12 – me quedé…. Me había pedido perdón, me quería llevar a salir y no había salido a la luz ese tono suyo de creído.
-¿Cómo sabes que quiero ir? – haber que hacía con eso. Levantándose me dijo.

-Te mueres por mí – vale, si había salido a la luz su tono de creído. Y así salió de la habitación. Dejando tan solo el aire que flotaba a mi alrededor

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