Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Página 12. Bipolar

Abrí la puerta de la casa, entré y solté las llaves. Subí arriba a mi habitación y cerré la puerta. Cogí una camiseta de mangas cortas celeste y me la cambie por la sudadera, solté la maleta y bajé. Me había entrado calor.
Salí al jardín y había puesta una nueva mesa de madera extra-grande, con una gran sombrilla encima, estaba cerrada, tampoco es que hiciese calor para eso. Me senté en una silla a juego que había en el lado donde pegaba más el sol. Noam no estaba. Estaría mirándose al espejo.
-¡Bu!- di un salto cuando Noam se acercó por detrás mía sin apenas hacer ruido.
-¿Podrías no hacer eso? – le dije con mi peor cara.
-Mmm si podría, pero no quiero – se sentó enfrente de mí bueno más bien sentar no, literalmente se tendió en la silla.- por cierto bonito corte el que me has hecho en el coche nena.
-Me llamo Alex no nena y gracias intentaré volver a hacértelo más de una vez.
-Jajaja una chica dura, por cierto estas muy guapa con esa camiseta- Dios como lograba enfadarme y derretirme a la vez.
-Ya lo sé.
-¿Lo sabes? – echó la cabeza hacia atrás
-Si.
-Mmm interesante lo tuyo – lo mío... Mis ganas de tirarle la sombrilla a la cabeza iban aumentando.
Sonó el timbre, se levantó y volvió a los 10 minutos.
-Y aquí está su comida señorita – puso encima de la mesa dos recipientes hirviendo y dos coca-colas.
-Gracias – lo abrí, eran espaguetis y  olían muy bien.
-¿Te gustan?- ¿buscaba aprobación?
-Sí, mucho.
-Que aproveche.
-Igualmente – empezamos a comer en silencio a veces lo miraba , miraba el cielo , el mar pero sobre todo sus ojos… cuando terminamos de comer recogimos la mesa y lo limpiamos todo , luego cogimos unas toallas y nos tendimos en el césped de la parte trasera de la casa , se estaba genial allí. Yo tendida boca arriba así no podría mirarlo mucho y él, boca abajo.
-¿Echas de menos a tu padre? – me puse apoyada en un brazo.
-Mucho – reconocí, no tenía por qué mentirle.
-Entonces te arrepientes de haberte mudado…
-Yo no tome esa decisión… simplemente me hubiese gustado que mi padre estuviese aquí también.
-¿Te puedo hacer otra pregunta?- esto parecía un interrogatorio.
-Claro – le contesté, mirando al cielo y buscándole formas a las nubes.
-¿Por qué tienes esa cara de rabieta siempre? -¿Qué?
-¿Con que cara de rabieta eh? – me levanté y me fui detrás de un muro donde estaba la manguera. Salí corriendo y lo moje entero… las risas llegaron al cielo. Pero al final también termine mojada yo y llena de barro al caerme en el césped, parecíamos de todo menos personas cuerdas, empecé a mojarlo otra vez y de un momento a otro estaba detrás mía intentando coger la manguera con sus brazos rodeándome y eso me dejó paralizada.
-Vamos dámela – nuestras manos se tocaron durante una milésima de segundo.
-No, ¡no!- se quedó callado, creo que le molestó ¿pero a quien le molesta eso? Se secó y se fue dentro, me quede allí quieta durante unos minutos sin saber que había ocurrido en los últimos 2 minutos. Después decidí secarme también y entrar a buscarlo.
Al final lo encontré en el porche, sentado en el columpio de madera que teníamos allí, con el ceño fruncido mirando fijamente a la nada. Creo que ni se percató de que yo estaba allí, me senté con él.
-¿Te pasa algo? –le pregunté.
-No, nada. Ya es tarde, me voy.- se levantó del columpio y seguidamente yo.
-Adiós – me abracé yo misma, me había entrado frío.

-Adiós.
Un adiós seco, como la mayoría de los que había escuchado a lo largo de mi vida.

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