Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

lunes, 9 de agosto de 2010

Página 5. La reacción

Mi madre entró en la habitación con dos bolsas en ambas manos, nos miró a los dos, y al ver mi brecha y mis manos con algo de sangre se le cayeron las bolsas de las manos, a veces mi madre se pasaba de protectora y era muy exagerada, de un granito de arena hacia un desierto sin oasis…
-Alexandra – se acercó corriendo a mí, casi tropezando en el camino, con la cara blanca como si me hubiese rajado la cabeza entera – ¿qué te ha pasado? Cariño... Dios que te has hecho en la cabeza
Aparto a Noam de un empujón y se puso enfrente de mí…gritando y diciendo por la boca miles de palabras a la vez.
-Mama… no me ha pasado nada…. No te preocupes... de verdad no ha sido nada – la intenté tranquilizar pero saltó encima de Noam como si fuese una leona.
-¡Tu! ¿Qué le has hecho?- solo se le veían las manos, arañándole la cara a Noam.
- Mama ¡no! él no me ha hecho nada… estate quieta ¡Mama estás loca!- la aparté de él y lo más sorprendente fue que Noam no hizo absolutamente nada por quitársela de encima incluso cuando empezaba a nacerle un surco rojizo en la cara.
Sin embargo el no reaccionó, salió de la habitación sin mediar palabra dio un fuerte portazo y no se dejó escuchar más…solo el aire que dejó al salir. Mi madre estaba enfurecida y miraba a Zachary con una mirada de reproche, cogió aire y comenzó a hablar con él.
-Lo siento, pero no me puedo arriesgar a que le pase nada… y sí, eso incluye a Noam.- ¿De qué puñetas estaba hablando mi madre? ¡No entendía nada! arriesgarse...  ¿arriesgarse a qué?
- Lo sé, no ha sido nada por suerte además, acaba de enterarse de todo y necesita asimilarlo- le cogió las manos a mi madre y le beso en ellas, luego me miraron.
- Sabes mama ¿odio que hagas eso? – le grité como nunca lo había hecho.
- ¿Hacer que cielo?
- Hablar como si yo no estuviese delante, como si no existiese, hablarme como si fuese una niña de 3 años. Salí de la habitación como lo había hecho Noam, dejando detrás de mí un portazo, sellando esa conversación y totalmente enfadada, aunque con las lágrimas acariciando mi mejilla. Corrí fuera de la casa a cualquier lugar lejos de allí…. Cuando me vine a dar cuenta, estaba sentada en medio de un espeso bosque al pie de un imponente árbol, llorando. Y pensando en que a veces es mejor dejarlo salir todo. Antes de que te queme por dentro.


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