Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Página 64. Descúbrete a ti misma.

Levanté la mirada observando cómo se iba de la habitación y cerraba la puerta con un dulce sonido. Yo sin embargo me tendí en la cama de nuevo y volví a cerrar los ojos. No sé qué tiempo pasó, quizás 5 escasos minutos, 1 hora o dos, no lo sé. Me desperté cuando escuché mi puerta abrirse y me incorporé poco a poco, en los pies de mi cama había una maleta que mi padre estaba cerrando. Era aún de día por lo que mi pequeña siesta no había durado mucho, mi padre ignoraba que me había despertado y seguía ordenando la habitación y cerrando las ventanas, poniendo en su lugar las cortinas. Me levanté de la cama e inmediatamente él se puso a hacerla, yo me quede mirándole sin cruzar palabra, cuando terminó de arreglarlo todo cogió la maleta y me cogió del brazo arrastrándome fuera de la habitación.
-Suéltame, ¡me haces daño!- le grité intentando escapar de sus dedos que cada vez apretaban más mi brazo.
-Estate quieta.
-Te he dicho que me sueltes ¿dónde vamos? - de nuevo intenté soltarme, comencé a forcejear con él y lo único que recuerdo es la maleta caer al suelo y que toda la ropa estaba desperdigada a mi alrededor y  luego un fuerte dolor en mi cabeza y la imagen de mi padre cayendo al suelo con las manos en su sien, como si le estuvieran quemando, pero desde dentro. Y yo aún de pie mirando que tenía restos de sangre en sus manos. La voz de Elen se escuchó detrás de nosotros.
-¿Que ha pasado aquí? ¡Tu! ¿Qué le has hecho? ¡Zac! Ven corre, Sebastian... Sebastian ¿me oyes?- Mi padre, se incorporó y me miró fijamente, con ojos desorbitados que me asustaron, pero aún más me asusté cuando asimilé que fui yo quien le había hecho todo eso.
-¿Que ha pasado?- llegó Zachary con una voz alarmada y mirándome con ojos llenos de odio.
-Ha sido ella Elen, lo ha hecho. Ya lo advertí ¡joder! - dijo mi padre con una voz furiosa, frotándose las manos ensangrentadas.
Fui retrocediendo cada vez más deprisa, aterrorizada y asustada de mi misma, que sin saber cómo ni porque había tumbado a mi padre y le había hecho grandes heridas en las manos. Mientras Zac y Elen intentaban comprender como había pasado, yo seguía dando pasos hacia atrás intentando escapar de esa situación en la que había acabado sin apenas haberme dado cuenta, baje las escaleras, mientras más personas subían las escaleras alarmados al escuchar los gritos provenientes de la discusión, pasando a mi alrededor sin percatarse de mi presencia. Y empecé a tener miedo, como en el poco tiempo que llevaba en aquel lugar nunca había sentido, quise salir corriendo a los brazos de mi madre, quise refugiarme en mi habitación, tuve miedo, porque fue en ese momento en el que me di cuenta de lo que yo era, alguien que podía hacer cosas sin darse cuenta, alguien peligrosa y me di miedo, me di mucho miedo. Salí corriendo, empujada por el deseo de huir que tenía escondido en el pecho y que poco a poco se abría paso. Apenas veía por donde iba, entre en el salón y salí de la casa corriendo cuando una fuerte mano me paró en seco, agarrándome por mi hombro y dejándome totalmente quieta. No volví la mirada, ¿por qué? Porque sabía perfectamente quién era y las lágrimas empezaron a caer. Su mano me volvió hacia él y me abrazó fuertemente, en contra de mis intentos por escapar de aquel deseado abrazo, pero al fin cedí y me refugié en sus brazos.
-No puedes irte Alex, te encontrarían en cuestión de minutos y te encerrarían aún más; y a saber que te harían...

-Necesito irme, necesito volver con ella... ¿has visto lo de arriba?- le hablaba sin mirarle a los ojos, aún sumida en sus brazos y arrastrada a la parte de atrás de la casa por ellos.

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