Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

miércoles, 17 de julio de 2013

Página 70. Sacrificio.

Volví a bajar y con el libro balanceándose en mis manos me tendí en la cama. Y empecé a leerlo, era un libro de páginas amarillentas donde las letras se abrían para mí como cofres de tesoros, en ellas encontraba palabras que no entendía, significados que me entrecogían el corazón. Imágenes a lápiz, tan reales que de fotografías parecían tratarse, pero lo más importante es que encontré mi esencia, y que gracias a fuera quien fuese el que dejó ese libro allí, dejó además la puerta que me llevaba nada más y nada menos, que a mi fuerza, a mis poderes.
En él había de todo, como controlar y reanimar a las personas, como tratar a demonios, ángeles y todo tipo de criaturas, que formas lograrían acabar con ellos y como. Me lo bebí, absorbí cada una de las palabras que contenían ese libro, cada una de sus imágenes e indicaciones, significados y referencias que hacía. Me paré en un ‘‘conjuro’’, donde una llama de fuego se dibujaba entre sus letras y lo intenté, repetí cada una de las palabras que allí señalaban, lentamente : ''Brand, slaan jouself'' y por muy increíble que me pareciera, de la palma de mis manos surgió una pequeña llama de fuego que prendía, reflejándose en mis ojos, haciendo que brillaran, pero esta se apagó al escuchar abrirse la puerta de la habitación, esfumándose tal y como había aparecido. Escondí el libro bajo las sábanas abrazándolo fuertemente, tapándome también con ellas, protegiendo la que quizás sería mi salvación. Unos pasos bajaron las escaleras, y yo cerré los ojos intentando parecer tranquila. Los pasos se acercaron, permanecieron unos segundos a mi lado y se fueron, subiendo las escaleras, alejándose, entreabrí mis ojos, y allí estaba mi padre escondiéndose de mis ojos, abandonado mi habitación y a mí misma, su hija. Cuándo se marchó, volví a sacar el libro, y me pasé horas frente a él, intentando probar todo lo que nacía de aquel libro, intentando aprender hasta lo imposible. Después de inmensos intentos me quede dormida, profundamente, como hacía tiempo no hacía.
Unos ruidos en el pasillo me despertaron, escondí el libro debajo de la cama alejado de la luz de la habitación y salí de allí. La masía había despertado. Me dirigí fuera de ella, mientras me cruzaba con numerosas personas que se movían de un lado a otro, portando sacos, armas, cajas, sin despegar los ojos del suelo. Salí fuera y el frío calaba las ventanas así como mis huesos, que sin conseguir pasar ajenos a ese frío me hacían temblar.
 -Dentro tienes una chaqueta para que te puedas abrigar, pasa a la cocina toma algo y ven fuera, tenemos que seguir entrenando, Elen continuará esta tarde contigo. - no me volví cuando escuché su voz, porque la reconocí rápidamente, mucho más distante, mucho más fría que nunca, casi igual que el viento que acariciaba mis labios que entreabiertos retenían una única pregunta, ¿fue él?
Hice lo que Noam me dijo, sin hablar con nadie, me tomé el café que me prepararon y salí fuera con la chaqueta que me habían dejado en el salón. Salí al frente de la masía donde Noam me esperaba junto a él, mi padre que sentado en una silla rodeado de algunos hombres más, me recibían. Una mesa de nuevo presidía aquella reunión, esta vez repleta de armas, espadas en su mayoría, de todas las formas, doradas, plateadas, grandes, pequeñas, de todo tipo.
-Escoge una- me ordenó, sin mirarme. Le hice caso y escogí una bonita espada plateada que estaba abrazada a líneas de color negro. - Bien, estas son las técnicas básicas, siempre debes estar en guardia, pies separados y agarrando fuerte la espada, no puedes temblar ni dudar, porque eso le dará tiempo a tu enemigo para matarte. Bien cuando la espada se te acerque por la cintura, bloquéala en un movimiento rígido con tu espada en vertical. - Conforme me explicaba realizaba los movimientos que me estaba intentando indicar. Bajo la atenta mirada de todos los allí presentes. - Siempre, intenta esquivar y aprovecha para atacar tú, los brazos son una buena opción ya que así no podrá sostener su espada y tendrás tiempo, para atacarle. ¿Entendido?
-Si.
-Bien, pues venga. En guardia. - Tras esto comenzamos una pelea de espadas, que empezó con un golpe justo en mi costado izquierdo que conseguí bloquear, tras esto intenté atacarle en su brazo derecho pero él lo esquivo rápidamente para propiciar un golpe bajo que conseguí rehuir con un salto. De nuevo, ambos en guardia, y un nuevo golpe que esta vez no me esperaba, algo que no me había explicado, un golpe que en principio se dirigía a mis brazos pero que acabo por cortarme en mi costado derecho, algo que empapó mi camiseta.
-¡Ah!
-Tienes que estar en guardia, te lo he dicho, no todos van a ser golpes lentos para que te den tiempo de parar.
-¡Me has cortado, imbécil!
-El que pelee contigo no te hará cosquillas, tampoco te ha pasado nada. Ve a la cocina ponte algo y vuelve.
El dolor no era insoportable, lo que era insoportable era el hecho de que Noam, me había atacado y cortado como si de una muñeca se tratase, como si no fuera una persona. La manera en que hablaba, y la manera en la que había peleado conmigo. Entre en la masía soltando la espada en sus pies, con un fuerte golpe. Me senté tras la puerta, porque el dolor no me dejaba avanzar, me presioné la herida y vi como mi camiseta comenzaba a tener un color oscuro en todo mi lado derecho.
-¿Es esto necesario? Podía haberle hecho daño.
-No es nadie para ti Noam, no ocurre nada porque le hagas daño, no significa nada ¿entiendes?
-No creo que al señor le haga mucha gracia que juguemos a las espaditas con Alex.
-Aquí el señor soy yo ¿no lo entiendes?, además ¿Alex? Ya la llamas hasta por su nombre de pila Noam, ¿es que sientes algo por ella?
-No, señor.
-Déjame dudarlo mi querido Noam, aún te oigo lloriquear por las noches mientras ella duerme, y aún te noto cuando vas cada noche a verla dormir ¿Sabes dónde está el problema? ¡Te he dicho que si sabes dónde está el problema Noam! - le gritaba mientras se me entrecortaba el corazón.
-No, señor.
-El problema está en que si Alexandra cree, o siquiera vislumbra un poco tus sentimientos, la mato. Sin ella también podemos hacerlo ¿Lo comprendes? Hazla sufrir, trátala como si de un trapo se tratase y por supuesto nunca, ¿entiendes? Jamás intentes ayudarla porque la mataré a ella, a su madre y a Zachary con ellos. Pero tú no quieres eso, por ello vas a luchar con nosotros y vas a hacer lo que yo quiera y diga, únicamente eso.
-Sí señor.

-Otra cosa Noam, haz desaparecer el libro que le dejaste. - Tras esto un golpe, y un gemido.

2 comentarios:

  1. Es una de mis paginas favoritas !!!
    Amo tu blog, cada uno de sus parrsfos,cada palabra,cada silaba,cada personaje....
    AMO A NOAM AMO A NICO AMO A ALEX AMO CORAZON DE ANGEL

    SOY TU NUEVA LECTORA ME LLAMO ALEJANDRA JEJE BESOS GUAPA!!

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    1. Hola Alejandra, siento tardar tanto en responder tu comentario pero es que no pude hacerlo antes, decirte que me ha alegrado muchísimo leerlo y que me encanta que te guste tanto el blog y la historia, espero que me sigas dando tu opinión acerca de ella y que sigas leyéndola.
      Un beso grandisimo.

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