Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

sábado, 1 de octubre de 2011

Página 53. Harás el papel de tu vida.

Y ahí quedaron las palabras, después de aquella frase no dijimos sílaba alguna. Al contrario nos dedicamos a mirar al frente y de vez en cuando lo miraba de reojo y veía como le sonreía al sol. A veces nos reíamos sin motivo, a veces se ponía serio por alguna razón que yo desconocía, pero al fijarse en que yo lo miraba, recobraba toda la luz de su sonrisa. Y eso era algo increíble, sentir como alguien te grita que te quiere con solo mirarle los ojos. Cuando el sol empezó a irse decidimos marcharnos, ya que hacía fresco y estábamos cansados. Ahora a paso más lento fuimos recorriendo cada huella que dejamos hace unas horas, más tranquilos, uno al lado del otro. Sin más que decir, nos sobraban las palabras. Las parejas se habían ido ya, quizás a sus casas, a un bar o a cualquier lado de la ciudad, siguiendo con sus vidas que a mi manera de ver eran perfectas. Cruzamos la carretera que antes dejamos atrás y volvimos a entrar en el bar. La gente se había ido, tan solo quedaban dos hombres apoyados en la barra frente a un vaso vacío y una mujer sentada en un rincón apartado. La mujer me llamó la atención, era realmente guapa, diría que bonita. Llevaba un moño bajo que recogía una melena castaña y unos impresionantes ojos azules. Iba vestida de blanco, un vestido largo que acariciaba sus tobillos, con unos zapatos altos del mismo tono. Estaba sentada delante de un solitario vaso de agua con las manos entrecruzadas, sin expresión alguna en la cara, tan solo miraba por la ventana, como quien mira el infinito. Entonces giró sus ojos hacia mí, sonrió y escuche una voz, su voz, pero ella seguía con unos labios inmóviles.
- Alexandra, no tengas miedo todos confían en ti, nadie te hará daño para todos eres su milagro, haz lo que te dicte tu corazón – una voz fina, suave, clara y tranquilizante. La mujer seguía mirándome fijamente y sus labios seguían sin moverse, yo también la miraba, pero no tenía miedo, sus palabras se habían grabado en mi cabeza. Nico me dio un toque en el hombro, llevándome de nuevo a la realidad.
-¿Estás bien?- me preguntó
-Claro, vamos arriba ¿no? - dije decidida.
-Si.
Cuando llegamos arriba me di una ducha rápida, estaba nerviosa. No solía mentir, pero esto era estar entre la espada y la pared, era indispensable mentirle. Tenía que hacerlo. Me quedé pensando en aquella mujer, para variar no había tenido miedo, todo lo contrario, me hizo sentir bien escuchar aquellas palabras. Quizás porque no me dio tiempo de pararme a pensar en si había sido una jugada de mi imaginación o había escuchado los pensamientos de una mujer desconocida que lo sabía todo sobre mi. Sin embargo esas palabras, me dieron quizás, fuerzas para lo que tenía pensado hacer esa noche, en apenas 3 horas. Salí del cuarto de baño y Nico entró en él. Rozándome al pasar a mi lado. Me senté en la cama y encendí el móvil que había apagado al llegar: tres llamadas perdidas y un mensaje.
Las llamadas eran todas de Caly, pero el mensaje, no me atreví a abrirlo. Noam.

'' Quizás no me veas todos los días, quizás esto sea intermitente, pero no desaparezcas de esta forma, me estoy volviendo loco. ''


Nico salió del baño y cerré el mensaje rápido, apagué el móvil y lo metí en el bolso. Ya había anochecido y mi corazón iba cada vez más rápido. Le dije a Nico que durmiese él en la cama, pero se negó y cabezota como él mismo se acostó en el sofá. Yo sin embargo me quedé en la cama, cerré los ojos e hice el papel de mi vida. Pero quizás no sabía lo importante que sería hasta unas horas después.

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