Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

martes, 20 de septiembre de 2011

Página 51. Cuéntame al oído

El jardín era inmenso, pero a Nico parecía no haberle gustado ya que él seguía andando cada vez más alejado de mí, pero sin dejar de mirarme. Al salir del parque llegamos a otra carretera que también cruzamos tranquilos, ya que estaba escasa de coches. Me volvió a coger de la mano para bajar unas escaleras abandonadas, llenas de maleza, de hierbas que parecían querer hacerme tropezar y que gracias a él no lo conseguían. Al bajarlas me soltó y comenzó de nuevo a correr. Giró una pequeña esquina escondida y lo perdí de vista. Yo ralenticé mis pasos ya que iba ahogada, mi corazón parecía estar bailando. Doblé la esquina y lo vi. Sentado en un pequeño espigón de no más de 5 metros de largo, que le hacía compañía a un mar tranquilo, dormido, sin nadie a su lado tan solo un cielo azul y abierto. Nico estaba abandonado, con sus ojos mirando al cielo, dejando que el sol acariciase cada rincón de su cuerpo, con los pies en el agua.

Al escucharme me miró, con una mirada cálida y me invitó a sentarme con él. Avancé decidida y me hice un sitio a su lado. Nos quedamos callados, dejando que el agua refrescase unos pies que se habían desprendido de los zapatos. El sol estaba en lo más alto, las nubes a sus anchas, el cielo más que perfecto. Entonces comencé a pensar en Noam, a darme cuenta de que había estado evadiendo todo lo relacionado con él. Y evadiendo reconocer que le echaba de menos, era una sensación inútil, rara y que me enfadaba. Porque a pesar de como él era: pasota, imbécil y aficionado a dejarme sola. Echaba de menos su sonrisa, su forma de mirar y esos abrazos que me daba. No sé si sería cuestión de tiempo el volver a verle, pero me daba miedo, tenía miedo de que me hubiese olvidado. Olvidado mis besos o quizás mis caricias. Miedo de que no me quisiese, que el estar tan enamorada fuese en vano. No sé si lo habéis sentido alguna vez, es que como una especie de tranquilidad que tienes en el cuerpo, es cuando te sientes tan segura de lo que sientes por una persona que te daría igual dar la vuelta al mundo tan solo para ver el brillo de sus ojos. Pero me perdía el sentimiento de querer abandonarme, de tener ganas de salir corriendo de todo y echarme a sus brazos. Algo muy lejano de mí, algo que aun sintiéndolo demasiado no podía ser en ese momento. Quizás esté con otra chica, quizás no se acuerde de mí ni se pregunte dónde estoy ni como estoy en este momento, quizás sea solo su capricho. Pero maldita sea, sabe cómo conseguir que muera por él. Me asusté cuando unas gotas de agua fría rociaron mi cara. Nico y yo llevábamos callados bastante tiempo. Al mirar a Nico, que estaba con los ojos cerrados, me di cuenta de algo que venía preguntándome desde hace unos días. ¿Por qué lo mío con Noam nunca iba bien? Siempre pasaba algo, siempre el orgullo de uno de los dos ganaba a lo que sentíamos el uno por el otro, una complicación tras otra, parecía que el mundo se había propuesto molestarnos. Me quedé en blanco, pero para cuando comencé a pensar de nuevo comprendí algo que debería de haber visto antes. Cada momento en el que estaba con Noam me lo pasaba comparándole con Nico y era cierto, Noam no era tan romántico o quizás tan detallista y desde aquel primer momento en el que se fue yo me refugié en Nico. Sabía lo que sentía por Noam, un amor profundo y seguro, al menos por mi parte, pero ya no era pleno, esa primera confianza se había perdido. Nico en cambio nunca me había fallado y ese era el hecho de lo mal que me iba con Noam, el hecho de que también sentía algo por él. Y diréis que no se puede querer a dos personas a la vez, es cierto, pero si se puede llegar a no sobrevivir sin ellas. Estaba enamorada de Noam, lo sabía, estaba segura de ello.

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